lunes, 27 de julio de 2009

Diálogo?

Se sentó en un asiento de a dos en el colectivo. Tenía cara de cansada, pero a pesar de que se le cerraban los ojos sacó una libreta y una lapicera.

–­ La verdad que no tengo ganas de escribir un dialogo – dijo ella.

– ¿Por qué? – preguntó la otra.

– Porque es complicado y siempre me confundo – contestó.

– ¿Quién contestó? ¿Ella o la otra? – preguntó una.

– Ella. ¿No vez que la otra preguntó?

– Ah, pero confunde escrito así – manifestó esa.

– ¿No te digo que es difícil? Y además ¿te parece que manifestó queda bien? – cuestionó con tono molesto.

– Y no sé, pero no se me ocurre otra palabra. Si no, estaría escribiendo siempre lo mismo y al lector eso le hace ruido – dijo ella.

– ¡Y a mi que me importa el lector! Si total yo no lo voy a conocer. Ella va a publicarlo – dijo la otra.

– No vez que no entendés nada. Ella soy yo – dijo ella con seguridad.

La otra, ya un poco aburrida de tanta raya de cambio de narrador, miraba por la ventanilla la puerta de la facultad de medicina.

El texto se estiraba sin sentido, escurriéndose entre bostezos mientras a su alrededor nadie hablaba.

– ¿Cómo se estira y escurre un texto? – se escuchó.

– ¿Y quién lo dijo? – pregunto ella volviendo en sí de repente.

– ¿Quién dijo que eso se escuchó o quien dijo que el texto se escurrió?

– Las dos cosas – contestó ella.

– Yo – dijo una.

– ¿Una cual?

– No importa.

– ¿Cómo que no?

– Ya no. Ya nos perdimos. Son palabras de nadie.

– Entonces Nadie viene con nosotros en el colectivo – dijo asustada, mirando a su alrededor.

Afuera, Plaza Italia se alejaba escondiéndose cada vez mas entre las calles de Palermo.




lunes, 20 de julio de 2009

Solo para entendidos...


Entre tantas imposiciones, se impone tu recuerdo. Deduzco que se ha gravado en mi memoria, y no habiendo exención que excluya tu mirada, me siento sujeta y alcanzada. (*)

(*) de una época trágica e impositiva de mi vida.

Para olvidar

Esgrimiendo como únicas armas una hoja y una pluma, ella se acercó a esa puerta que daba al abismo. Buscaba encontrarlo.
Dudando todavía, cruzó el rellano y caminó por el filo una vez más. La cornisa hacía una espiral que bajaba de forma constante y sostenida. Cúmulos de nubes oscuras se enroscaban y disolvían en las cercanías.
Reconoció el fondo y avanzó con pasos vacilantes hasta llegar abajo, a ese lugar de donde una vez casi no pudo volver. Él aún debía estar allí.
Sintió como el barro se le metía en los zapatos, y subía lentamente por sus piernas, enfriándolo todo a su paso. Intentó moverse pero así solo logró que le llegara a la cintura. Revivió el horror del hundimiento, de la inmovilidad. Con un grito lo llamó hasta desgarrarse la garganta.
Entonces volvió a verlo; reflejado entre las nubes de tormenta, entre las ramas de un árbol deshojado, entre las gotas de lluvia en la ventana.
El barro le llegó al pecho mientras lo sentía en su cuerpo, arenoso y gris. Lloró como nunca antes. Un charco de memorias se formó a su lado y la hoja y la pluma se inundaron. Él era tan triste que volver a encontrarlo fue un nudo en la garganta, un sudor frío, una lucha contra volver a abandonarse.
El barro le llegó hasta el cuello erizándole los pelos de la nuca. El reflejo, por fin, se acercó hasta su pozo de angustias y en un gesto heroico le secó las gotas que aun corrían para llegar a su barbilla.
– No me busques mas aquí – le dijo mientras se desvanecía entre los últimos renglones, entre la pluma y la hoja.
Ella volvió a tierra firme, para cerrar los ojos, para dormir el sueño reparador de los que sufren.
Triunfal, su mano sostenía ese papel, que manchado de un poema lloraba un recuerdo pero declaraba un olvido.

miércoles, 15 de julio de 2009

Visita


Estaban sentados a la mesa cuando por la pared pasó una sombra, pequeña y ágil. Un maullido lastimoso les hizo erizar los pelos. Era el maullido de Toto, pero Toto estaba muerto.



domingo, 12 de julio de 2009

Inspiración

El hombre abrió su cuaderno y volvió a ver al renglón vacío que lo esperaba con su típica actitud arrogante.

Se miraron. Se midieron uno al otro.

El hombre odió al renglón por su mutismo y lo cambió por un cursor titilante.

Se miraron. Se ignoraron uno al otro.

El cursor se aburrió y todo se volvió negro. Las ventanas comenzaron a volar en el vacío y el hombre las envidió porque podían volar.

Pero ellas también lo ignoraron.

El hombre, indignado, buscó su cuaderno y asesinó al renglón vacío, llenándolo de miradas y de envidia, clavándole en el pecho una ventana.

sábado, 11 de julio de 2009

Formas de ver


Cuando te fuiste

Cuando te fuiste

junté los pedazos de mi corazón

y los guardé en bolsitas de rencor

Ahí quedaron

como papel picado húmedo

que nunca más va a jugar al carnaval

junto a las máscaras

de lo que no eras

y de lo que yo no quería ser



viernes, 10 de julio de 2009

El nacimiento de una linea


La línea se retuerce
se eleva o se estira
y forma una letra

La letra suspira y nace otra línea
que se aplasta o se infla
y crecen más letras
que se juntan
se atan
o saltan
y forman palabras

Las palabras se amontonan
se agrupan
se respaldan
forman fila tomando distancia
se acomodan en renglones
y nacen los versos

Los versos piensan
y se repiten re-significados
cambian de renglón y si se cansan
también saltan
se van más allá
y nacen estrofas

Las estrofas se miran desde lejos
inflan imágenes de ideas
y compiten entre si por el recuerdo
hasta que al fin
un verso muere
y no vuelve

y nace el poema
y nace el poeta

Un hombre es...

Un hombre esta sentado en una sala de Espera.
Todo es blanco: las paredes, el sillón, la lámpara;
su smoking y su galera también.
Todo es blanco menos él, que es verde.
Tiene los dedos entrelazados de los pies.
¿Porqué?, alguien podría preguntarse.
Pero no hay nadie más que él para ser alguien.
Y él no se lo pregunta.
La que no está tranquila es la sala,
que se pregunta porqué el hombre es verde.
Pero la sala no es alguien.
Entonces, nadie se pregunta nada.
Hasta que llega Espera y pregunta:
¿Qué hace usted en mi sala? ¿No ve que me la llena de intriga?
- La estoy esperando – contesta él.
Y la intriga se escurre por debajo de la puerta.

Mi pobre percepción

Junté valor, buena predisposición y decidí sentarme a leer un poema.
Me concentré en abrir mi mente y dejar que fluyan las palabras, que su melodía me envuelva. De repente, el poema terminó.
Perpleja, deduje sagazmente que no había entendido un pomo.
Al principio no supe que hacer y di vuelta la hoja en busca de una segunda parte, un apéndice o algo que me diera una pista sobre hacia donde iba el contenido de la composición. No había nada más, me sentí estafada.
Llena de indignación me dije a mi misma que no es arte algo que nadie entiende (que yo no entiendo), y lo que es más, declaré que el poema era una mierda.
Después, aún incrédula, pensé que tenía que haber algún significado oculto que se me estaba escapando. Agudicé la vista y emprendí la lectura nuevamente.
Ya en la segunda estrofa perdí el hilo. Traté de esforzarme más por ver imágenes escondidas entre las palabras. Creo que de alguna forma funcionó.
Entre líneas logré ver a un autor que con un Whisky en la mano, se cagaba de risa de mi cara de concentración, jactándose de haber publicado, y vendido, un libro repleto de armoniosas pelotudeces.
Me convencí a mi misma de que no podía ser, que era un texto recomendado por conocedores, y seguí con la cuarta estrofa.
Intuí que hablaba del amor, y en el trasluz del papel se apareció la cara iracunda de una loca, que escribía el poema mientras me miraba indignada ante mi escasa percepción de su dolor incoherente y desordenado. Sospeché que a su criterio el mundo estaba mal, y yo era parte de la masa de imbéciles que no se daban cuenta de nada.
Pero no me dejé convencer, y seguí con la esperanza de ver más allá. De encontrar una luz en la quinta estrofa. Y la encontré, venía del porro de otro autor, un tipo de rastas, que me miraba desde el otro lado de la hoja, pero no me veía. Intuí que a él poco le importaba si yo entendía o si usaba su poema para hacer un avioncito.
Me di una última oportunidad de llegar hasta el final. Pero seguí sin entender.
Puse en tela de juicio mi inteligencia y tuve que dudar, una vez más, sobre si el arte es arte para cada uno, o si es algo universal.
Y maldije a todos los poetas en nombre del autor, el que fuera.

Hasta que un día, frente al monitor de la PC, terminé de escribir mi propio poema. El reflejo de la pantalla brilló como un espejo, y recién ahí entendí…
Que me cago en los finales abiertos y las libres interpretaciones por más poéticas que sean.

La máquina de la verdad

Mientras el muchacho interesado se rascaba la cabeza, del otro lado del mostrador, el vendedor sostenía un aparato plateado de forma rectangular y le decía:
Esto es buenísimo. Mirá, te explico: cuando a vos te pase algo que te tire para abajo, te rechaza una minusa, tu jefe te caga a pedos…ya no hace falta que le rompas las bolas a tus amigos para que te consuelen. Vos te llevas este aparato y cuando estas con el bajón lo usás. Esto adentro tiene un sistema inventado por los chinos. ¿Viste que muchos se hacían el harakiri? después de este invento los suicidios chinos bajaron como un ochenta por ciento. Bueno, vos pones el dedo en este agujero y apretás el botón verde. Ves: así. – El vendedor introdujo su dedo en una ranura cilíndrica. – Apretas acá y listo. Esto te tira la posta. Adentro tiene sensores que miden la temperatura, la humedad y otras cosas más. El aparato interpreta tus emociones y analiza la situación mejor que cualquier psicólogo. Es una maravilla. Escuchá – Dijo mientras presionaba el botón verde.
El aparato después de un zumbido transmitió: “Pepe, sos un grande. Lo tuyo no tiene desperdicio.”
El posible comprador, se terminó de convencer. Setecientos pesos era lo que salía un GPS y esto lo iba a guiar mucho mejor. – Listo, me lo llevo.
Llegó a su casa muy entusiasmado. Quería probar el aparato cuanto antes. Lo sacó de la caja y lo apoyó sobre la mesa. Se concentró en ese momento en que ella le dijo que solo era un buen amigo y metió el dedo en el agujero.
Cuando apretó el botón verde la máquina transmitió: Sos bastante pelotudo. Cómo vas a creer que un aparato puede adivinar tus emociones con sólo meterle un dedo. Pero a ver esperá… lo que si puedo percibir es que te estas sintiendo el más boludo. Y tenes razón pibe, tenes razón.


Nosotros

Una tarde, un vecino místico le dijo a mi papá que él seria capaz de conectarse con los extraterrestres. Le aseguró que iba a inventar una máquina casera que lograría establecer la comunicación.
Mi papá, un poco por curiosidad, un poco por locura, siguiendo su instinto construyó una pirámide de cobre, la soldó con estaño y adentro puso una copa de coñac llena, en este caso, de coñac. A la pirámide conectó un cable y al cable un grabador.
Pasó varias noches grabando en casettes el cantar de los grillos. En algunas cintas se llegaban a oír los gritos de mamá diciéndole que dejara de perder el tiempo.
Y la máquina pareció no funcionar, después nacimos nosotros.