viernes, 26 de noviembre de 2010

Resabio

Cuenta una leyenda popular que en una caja de seguridad de un banco ubicado en Santa Fe y Coronel Díaz, había guardada una maquina capaz de convertir los sueños en polvo. Al parecer su efecto era tan devastador que meses después que su dueño la retirara, el personal de limpieza aun sacaba a la calle bolsas llenas de restos de sueños de los empleados. Dicen que algunos de ellos enloquecieron y que por eso el banco tuvo que mudar la sucursal.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Revivir















A punto de asesinar al reflejo de su espejo, prefirió renunciar y presentársele a la muerte dignamente.

Cantando el himno a la alegría se desvistió, hizo un bollo con su sotana de juez ignorante y arriba acomodó sus valores morales. Guardó todo con cuidado en una valija de viaje y dando un saltito de fe la revoleó por la ventana. Se sacó de los bolsillos los defectos y las virtudes. Los estrelló contra las paredes y barrió los restos hasta que no quedó la más mínima partícula de ego.
De un portazo clausuró los laberintos de su mente. Agarró a patadas los tableros, los esquemas y sobre todo, los relojes. Se clavó en el pecho una bandera blanca y tiró todas las toallas. En la pileta de la cocina ahogó uno a uno los mandatos familiares. Y después de haber descuartizado a sus obligaciones sociales, corrió hasta el ministerio más cercano y se declaró en huelga de pensamientos. Desnutrido de deseos, rechazó los sacramentos y dejó de caminar entre el cielo y el infierno.
En medio del velorio de la imagen de si mismo, le sacó los ojos a la mirada de los otros y salió a reventarlos contra los portones de las escuelas y los campanarios de las iglesias. Con los restos de lazos y ataduras tiró abajo a los ídolos y sus pedestales, desoyó sus concejos y les rompió las promesas.
Recostado a la sombra de algún antro, claudicó a los viejos buenos hábitos. Dejó los usos, renunció a las costumbres. Sin siquiera un remordimiento del tamaño de una moneda, deshonró a la jurisprudencia y a las anécdotas.
Y cuando sólo le quedó nada, cuando fue un completo nadie, se abrazó con la muerte y respiró

miércoles, 10 de noviembre de 2010

El trámite

- Buenas tardes señorita. Acá estoy de nuevo. Ya tengo los papeles, certificado de defunción, fotografía del cuerpo con rigor mortis…
- ¿Ya los hizo sellar por el departamento de partidas?
- Si si, hice el curso también. Acá esta el comprobante.
- ¿Saldó usted todas las deudas?
- Me llevó mucho tiempo pero si. Aquí tengo el recibo donde consta que el saldo está en cero.
- Muy bien, lo felicito. Ahora tenemos que llenar la solicitud de ingreso.
- Discúlpeme querida, venimos de un accidente. ¿Nos podrá atender a nosotros primero? Es una urgencia.
- ¿Ya pasaron por el departamento de partidas?
- No, vinimos directamente.
- Primero deben pasar por el departamento de partidas para que les expliquen el procedimiento.
- ¡Pero querida! Mire como estamos. Fue un accidente horrible. ¡Tenga un poco de consideración!
- Señora, usted tenga consideración. Yo llevo un mes entero haciendo trámites y ahora viene a demorar a la señorita que al fin está llenando mi solicitud.
- Ah pero que desubicado. ¿Usted sabe quien fui yo?
- No tengo idea y ni me interesa. Sé que ahora es una maleducada.
- Calma, calma. Señora es imposible que el señor Pedro le haga la entrevista directamente. Tiene que hacer el curso de bienvenida a este lado, le tienen que sellar los papeles y debe presentar el libredeuda.
- Mi conducta ha sido impecable. Yo no tengo ninguna deuda y mi chiquito menos. Mírelo. ¿No ve que es un angelito?
- Mamá, mirá. ¡Puedo volar!
- ¡Quedate quieto! Los pies en el piso como corresponde, eh, que no sos un globo.
- Señora le pido por favor que vaya al otro edificio. No me obligue a llamar a seguridad.
- Mamá, vamos, vamos, vamos, que los de seguridad me dan miedo.
- ¡Qué falta de respeto! Hacerle esto a una devota como yo. Días y días rezando para que me traten así. No se puede creer. Me voy, pero no va a tardar en llegarle mi queja.
- Adiós señora, un gusto conocerla eh. Ahora linda ¿Podemos terminar de llenar mi solicitud?
- Que cansancio. Bueno, ahora me tiene que contestar una pregunta. Cuándo estaba vivo ¿Usted disfrutaba de lo que hacía?

martes, 9 de noviembre de 2010

Diván

así recuerdo mi proceso de terapia...

Ohh = horror

Uhh = Tristeza - preocupación

Bah = resignación - aceptación

Ahh = alivio

Fuego olímpico

Jhon corría llevando la antorcha en su mano derecha. Las luces del estadio repleto lo enfocaban directamente. La pantalla gigante lo reproducía hasta el más mínimo detalle. Él se sintió importante una vez más, le había pasado varias veces pero ésta no era menor. Era el primer portador de la antorcha olímpica de los juegos de ese año. Sintió la oleada de aplausos, las ovaciones. Sonrió al recordar a su padre que lo alentaba a superarse cuando era chico y sacaba malas calificaciones en gimnasia.
El padre lo miraba a través del televisor. Le hubiera gustado estar presente en la ceremonia pero el viaje era demasiado caro hasta esa ciudad al otro lado del mundo. No pudo evitar que se le escaparan un par de lágrimas de orgullo. Se estaba poniendo viejo; viejo y sentimental. Cuando terminó de sonarse la nariz, la antorcha ya estaba en manos de Chong.
Chong corrió con paso firme, moviendo los músculos exactos. Se concentró en aislar el ruido del exterior como le habían enseñado. En ese momento sólo existían ella y la antorcha, eran uno. No sintió el viento frío que soplaba de frente, ni se percató de los flashes de los fotógrafos.
Entre los fotógrafos estaba Pierre. Realizaba cálculos para captar las tomas correctas. Calculaba velocidad de obturación versus apertura del diafragma. Medía luces y sombras. Sus dedos se deslizaban por la cámara digital con una agilidad increíble. Las imágenes se iban dibujando en sus retinas sucesivamente mientras giraba el objetivo de casi dos kilos de peso, siguiendo a la llama. En la foto número trescientos veintitrés ya aparecía el tercer portador.
El tercer portador era José y caminaba en vez de correr. Había llegado tarde y no había podido hacer sus ejercicios de relajación, esos que hacía cuando tenía por delante una tarea que lo ponía nervioso. Y ese día se le había cruzado por la cabeza que la antorcha se iba a apagar cuando él la llevara. Pensó que si no corría habría menos viento y la ceremonia continuaría sin inconvenientes.
No pensaba así Ivan, el coordinador general del evento. La demora que generaba que uno de los portadores fuera caminando no estaba prevista. Todo, hasta los fuegos artificiales, estaban cronometrados al segundo. Con impaciencia siguió dando órdenes por handy hasta que, mientras golpeaba su reloj con el dedo, vio cómo la antorcha era entregada a Emma.
Emma recibió la antorcha y se irguió en una postura desafiante. Tenía plena conciencia de que el mundo la estaba observando. Ella no podía defraudarlos, nunca lo había hecho. Mientras corría observó su primer plano en la pantalla gigante. Sonrió. Sus dientes perfectos resplandecieron. Su piel perfecta hacía juego con el equipo de gimnasia perfecto que había elegido para la ocasión. Pensó en el público que la ovacionaba y saludó con la mano libre. Sintió que todos la amaban.
Pero Ahmed, sentado en la fila treinta y dos de la platea central del estadio, no la amaba. Ni siquiera llegó a verla porque cuando ella tomó la antorcha, la hamburguesa que él estaba comiendo, resbaló sobre su túnica y le dejó una mancha roja dibujada en el pecho. Cuando terminó de gritar su odio, y de desparramar aún mas el ketchup con una servilleta, Ahmed levantó la cabeza pero la antorcha ya estaba en manos de David.
David corrió con paso calmo pero constante. Miró el mango de la antorcha y pensó que hubieras sido mejor si estuviera hecho de madera; pensó que cada vez menos cosas se hacían de madera. Cuando llegó a la escalinata empezó a contar los escalones mientras subía. Se sintió tranquilo. Escuchó la música de la gran orquesta que se aceleraba hacia la culminación. Pensó en tomar clases de violín. Estiró el brazo con el que sostenía la antorcha. La llama hizo contacto con el gran espiral metálico que reposaba en la oscuridad. La imagen del fuego ocupó toda la pantalla del estadio.
El fuego corrió por la estructura absorbiendo gran cantidad de oxígeno a su paso, se sacudió con el viento, desbordó levemente por los costados y entre chispas volvió a su lugar. La orquesta llegó al punto máximo de su capacidad. La multitud del estadio aplaudió con fervor. En sus casas, los telespectadores festejaron. Los juegos olímpicos se declararon abiertos. El fuego no pensó en nada.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Destello

Galaxias, vacío y humo. La inmensa quietud en eterno movimiento. A lo lejos un punto, casi nada, un sol perdido. Alrededor esferas, órbitas y un centro caliente. Un globo y otro y otro. Planeta Tierra. Tierra envuelta de atmósfera. Laberintos de aire. Nidos de tormentas bordadas de relámpagos. Atmósfera sentada sobre placas de un rompecabezas. Placas de bordes coronados con dientes de piedra, de picos y valles, de bordes careados de agujeros profundos, hacia abajo, hacia el centro: Magma. Convulsiones, vómitos de roca, nubes de esquirlas. Oscuros jugos derramados. La tierra vestida de rojo. De rojo lento como un gusano. Como una oruga de fuego revolcada sobre la tierra vestida de verde. Tierra cubierta por manadas de árboles, con melenas de hojas. Estoicos árboles clavados al suelo, arrodillados en las veredas de los ríos. Toboganes líquidos acostados sobre las montañas. Cintas marrones, reptantes, frenéticas, mansas. Viajeras hacia lugares distantes, hacia la gran tierra vestida de azul. Litros y litros de salado azul. Azul dominado por los poderes de la luna. Mareas, altas y bajas. Bamboleantes mareas envueltas en corrientes giratorias. Rápidas, cálidas, gélidas. Chorros de azules subterráneos. Brotes de olas en la superficie. Fuentes de espuma sobre las orillas del norte y del sur. Olas de azul sobre la tierra fría, sobre la tierra vestida de blanco. Blanco brillante bajo el aire. Bajo la atmósfera. Bajo la luna. Blanco en los bordes de un globo entre globos. En órbitas al Sol. Un destello blanco entre galaxias, entre el vacío y el humo. Un destello blanco perdido en un cielo repleto de luciérnagas.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Vaivén


Se siente sobre rieles, moviéndose en el túnel. Y en él un hombre con turbante que no ve los asientos enfrentados, ni las manos que se agarran. Justo a tiempo todo se detiene. Por las puertas que se abren y se cierran bajan zapatos en punta, suben botas. La voz en el aire canta distintas estaciones. El vaivén vuelve. La mujer gorda de naranja observa la ventana, negra, como el túnel. La cabeza con mil trenzas a un metro de un chino que esta al lado un judío que lo ignora que sonríe con su kipá bien apretada bajo la mirada de unos ojos que resaltan, fluorescentes, desde un fondo marrón casi azulado. Y se ríe. Y los dientes encandilan a una madre que se asoma desde un velo, violeta, resignada. Ve bolsas de supermercado, celulares. Su hijo ve rodillas que se mecen sobre un suelo de goma y levanta la cabeza y me mira y el vaivén entrelaza las miradas en el aire, unifica, mezcla los colores, mezcla el tedio. Y los funde con la ropa, con el sueño, con la piel. Y en un solo un vagón se mezcla el mundo y es el mundo el que se mezcla, en un vaivén, en las profundidades de París.

sábado, 30 de octubre de 2010

Florecer


José nunca se preguntó sobre el sentido de la vida. La caída de la bolsa en Tokio o el terrorismo en Medio Oriente no lo preocupaban. Usaba sombrero y poncho. Debajo del poncho llevaba una remera de Nike que decía “Imposible is nothing”. José no sabía nada de ingles, y de castellano apenas podía leer algunas palabras, pero para él tampoco había imposibles, sólo tenía unas pocas necesidades y estaban cubiertas por el valle donde vivía. Si alguna vez pensó en cambiar las zapatillas que lo acompañaban hacía algunos años, no fue porque lo avergonzara el agujero de la punta por donde se veía su dedo ennegrecido, si no porque otro agujero, en el medio de la suela, dejaba entrar piedras cuando caminaba por los cerros.
José no sabía que se llamaba así por el marido de María, pintado en la pared de una iglesia que sus padres visitaron poco antes de su nacimiento, ni que esa visita había sucedido hacía solo treinta y cinco años. Tampoco sabía sobre Jesús, ni sobre el cielo o el infierno. Lo que José sí sabía era hacer queso de cabra, diferenciar una vicuña de una llama y sentir en el aire que se acercaba la época donde florecían los cactus.

Aunque José alcanzaba a ver una lagartija escurrirse a más de veinte metros de distancia, las arrugas que se le amuchaban alrededor de los ojos hacían parecer que siempre esforzaba la vista. El sol del altiplano había ajado su cara, convirtiéndola en una especie de totem, de figura añeja hecha de barro. La gente de la ciudad al verlo, lo habría tomado por un viejo, pero a él no le habría importado. Para José, que nunca tuvo un reloj o un calendario, el tiempo pasaba con el sol que subía y bajaba, con las montañas y sus animales.

Sentado a la sombra, con la espalda apoyada en una pared de barro y piedra, espantó un moscardón que volaba cerca. Esos bichos eran muy molestos, invadían su intimidad solitaria y le dejaban ronchas que picaban por varios días. Lo distraían de la contemplación de los montes y las cabras. Eran los únicos que podían ponerlo de mal humor. Pero no le duraba mucho. Le alcanzaba con mirar la belleza tranquila de un cactus en flor o pensar en los quesos que guardaba en la pieza, para ponerse contento otra vez.

Su rancho era el único techo que había en kilómetros a la redonda; José no conocía el significado de un kilómetro a la redonda. Por eso, cuando pensó que pronto debía ir al pueblo, midió su viaje en cuatro noches heladas y tres días de sol que arderían en la piel. Se puso contento. Su sonrisa dejó ver que le faltaban algunos dientes.
Cada dos o tres meses hacía ese viaje para ver a la buena gente del pueblo y cambiar sus quesos por otras cosas. Pensó en los lujos que se daría esta vez: comer algunas empanadas, tomar un poco de vino. Se sintió feliz. La gente decía que José era un hombre extraño. Nadie podía aceptar que nunca se preguntara cual era el sentido de la vida...

viernes, 29 de octubre de 2010

Regalo de los dioses

Sucia, enterrecida. Tierna en su ignorancia. Amorfa y solemne.
Nacida en la oscuridad, enceguecida por la luz y transportada. Su espíritu no perece con su muerte. Su alma se digiere lenta, pesada.
Su interior crema exuda agua. Su cuerpo huele a lo sutil y cotidiano; sabe a ella misma, a ninguna otra.
Vestida de tierra, de piel, de papel aluminio. Florecida, pelada, pasada, podrida. Tan común y sin embargo tan ecléctica y polifacética. Sólida y leve, fuerte y esponjosa. Servida simple, sosa o ensalsada. Cortada en pedazos, entera o aplastada. Hervida, frita, quemada en la hoguera y renacida.
Universal, no distingue razas ni credos, no milita ni profesa. Querida por los ricos, amada por los pobres. Famosa y humilde; socialista y gourmet. Compañera de todo, enemiga de nada.
Creada por los dioses. Perfecta.


miércoles, 27 de octubre de 2010

Viajero

Ese día, como tantos otros, no sabía dónde buscar, así que se subió al primer colectivo que pasaba. Se paró frente a la máquina con cara de desilusión. El chofer pareció compadecerse y le marcó el boleto más barato. Él no lo contradijo.
Distraídamente metió la mano en un bolsillo y vació el contenido en la máquina. Entre las monedas se fueron dos pelusas y un botón. El boleto tardó en salir. Cuando lo hizo, el papel estaba doblado en forma de barquito. Él esperó hasta sentarse en un asiento del fondo para desdoblarlo. En el medio de la hoja, coronada por una equis dibujada con crayón, se leía la frase: Usted se encuentra aquí y ahora. Terminó de leer y levantó la vista. Se prendieron todas las luces del colectivo. Alguien gritó ¡PARADA! y todo se detuvo.
Y fue en ese momento cuando se dio cuenta que tantos boletos, tantos pasajes de avión, tantos kilómetros recorridos, sólo lo habían llevado a estar en ese lugar y en ese momento.
Miró por la ventanilla y entre las multitudes, los carteles y los puestos de diarios, vio algo que brillaba. Era una señal, o no. Con la seguridad que le daba saber su lugar en el mundo, tocó el timbre y a la vuelta de una esquina se bajó.




martes, 21 de septiembre de 2010

¿Ensueño?


En la orilla habitan los monstruos. Reptan, babean, rasguñan el suelo. Amorfos, mezcla de espantos incrustados en latas de conserva, en verduras pútridas. Fragmentos incoherentes de días del pasado y del porvenir. Fueron creados para generar el miedo, el terror que impide el paso, que guarda las aguas. Nadie debe cruzar más allá. Nadie puede ver el mecanismo siniestro, la lucha constante que transcurre en lo profundo, en el limbo caótico donde moran todos los pensamientos, todos los deseos, todos los recuerdos, ahí donde se alzan las torres de piedra. Estructuras inconstantes, parásitas una de la otra. Enfrentadas por el correr del tiempo. Opuestos nacidos de una misma sustancia.
La más cercana a la orilla es la torre que arde, se excita. Donde los deseos más oscuros se asoman desnudos por las ventanas. Algunos pensamientos puros, encandilados por el fuego y el calor, son atraídos hacia ella. Se cuelan por las paredes de atrás cargando la mochila de su culpa. Saltan las vayas de la moral o simplemente entran por la puerta que les abren los de adentro. Los que le rinden culto a los placeres carnales, los que se arrojan al fuego mientras entonan canciones obscenas y aúllan orgasmos.
Las escaleras de la torre son amplias, fáciles, pero la puerta de entrada es sólo un agujero profundo. Un recuerdo peregrino, llevando su bolsa de melancolía, se dispone a entrar. Se le aparecen un santo y un pecaminoso. Le exponen sus razones, pero es el recuerdo de un acto prohibido y sigue su camino dispuesto a arder.
Junto a la torre emergen vapores que inundan el cielo. Alguien quiso controlarlos y construyo paredes a su alrededor, pero cuando el aire viciado llega a la superficie no hace más que explotar. Forma el hongo de la bomba, el árbol de la ciclotimia y de la bipolaridad. Se clava en el cielo ensuciando las nubes con gritos y quejas. Un cielo donde dios nunca se asoma, un cielo sin pájaros.
Por tierra, una gran montaña separa las torres. Es la jueza que siempre se muestra imparcial. En la cumbre exhibe razones punzantes, pero a sus pies, la ira y la calma luchan mano a mano por la supervivencia. Aunque aspira a controlar todo el continente, la jueza no sabe de torres ni de guerra, sólo genera pensamientos encontrados que no saben a donde pertenecen.
Por el río etéreo que fluye hacia las costas, en un barco rancio y achacoso, los recuerdos de la infancia huyen del fuego hacia un lugar seguro. Van guiados por la vergüenza y buscan preservarse de la corrupción. En otra barca, encadenadas entre sí, viajan las dudas que chocaron contra el orden y las ideas sediciosas. Quizás nadie vuelva a verlas. Serán confinadas a la torre oscura. La torre donde yacen los recuerdos olvidados, donde se pudren, en habitaciones cuadradas y mohosas, los sueños destinados al fracaso. A su alrededor hay una aldea. Las ventanas son tan mínimas que no dejan ver los secretos atrapados en las casas de cemento. Por los callejones, el silencio camina sin el ruido de los pasos y los susurros se filtran por las cerraduras de las puertas.
Al otro lado, en otra orilla, una mujer duerme entre nubes de piedra. Ajena a todo. Los monstruos la asustan y con eso alcanza. No sabe de torres, ni de montañas. No reconoce ni a su propio yo recostado a su lado. Ni siquiera ve los rayos de luz que se filtran por la arcada que da al exterior…


jueves, 2 de septiembre de 2010

Monstruos con boleto

Se deslizan como anguilas, empujan, aprietan y se contorsionan. Absorbiendo el espacio vital de otros, crean un lugar que antes no existía. Los demás los miran con asombro, desconcertados ante tal falta de respeto.

Quizás necesitan cariño, contacto físico, por eso buscan meterse bajo los sobacos de otra gente. Quizás no encuentran su lugar en el mundo o tienen una errónea percepción del tiempo y del espacio

Los otros piensan en la impunidad. Y mientras, se van acostumbrando a la idea de compartir un trozo de vida con estos especímenes, que se quedaran sólo hasta ver una nueva luz, un nuevo resquicio, para adentrarse a los codazos, a joder a otros, más atrás.

ámbito de influencia

domingo, 22 de agosto de 2010

Destiempo

Estimado Príncipe Azul:

El motivo fundamental de esta misiva es ponerlo en conocimiento de mi situación actual y comunicarle que lo encuentro en falta para conmigo.

En los más tiernos años de mi niñez me fue informado que usted se presentaría ante mí en los años venideros y que, siendo poseedor de admirables virtudes, estaría dispuesto a realizar las más osadas hazañas en pos de ganar mi corazón. Hecho esto, compartiríamos el resto de nuestras vidas comiendo perdices y disfrutando de sus riquezas.
El inconveniente que quiero hacerle saber surge en este punto, ya que el comienzo de la relación debería haberse producido, estimo, hace algunos años.

En un principio he esperado encontrarlo a la vuelta de la esquina, lo que me generó una molesta taquicardia que aún hoy perdura. Después, ante su demora, comencé a confundirlo con hombres de los alrededores que no sólo no cumplían con sus condiciones económicas, sino que han osado hacerme sufrir. No se preocupe que igualmente, de ellos sólo me han quedado el sinsabor y algunos muebles.

Lo importante es que, aunque nunca supe la fecha exacta de nuestro ansiado encuentro, es de suma urgencia que se produzca a la brevedad. La larga espera comienza a producir efectos adversos en mi persona, como alteraciones cíclicas del humor, desordenes de peso y síndrome del ceño fruncido, entre otras.

Si el motivo de su retraso es la conquista de riqueza, la obtención de títulos nobiliarios, o de otro tipo, considero que ya ha pasado el tiempo suficiente para que concluya esos emprendimientos. He conseguido trabajo y, sin ánimo de ofenderlo, a estas alturas no me preocuparía ganar más que usted.

Sepa que me urge obtener alguna prueba de su existencia para poder enfrentar a aquellos que se empeñan en decirme que ya no quedan caballeros dispuestos a luchar por el amor de una damisela, e insinúan que si sigo esperándolo, ya no pasará ninguna carroza dispuesta a transportarme.

Por último, debo ponerlo en conocimiento de que su demora ha hecho nacer un pernicioso pensamiento que aparece de forma recurrente en mí mente. Un pensamiento que proclama a viva voz que en realidad usted no existe, que me han mentido, que ha sido todo un cuento.

A la espera de un cercano encuentro,

Con amor acondicionado

La Princesa

martes, 20 de julio de 2010

No por el día de hoy

Ser amigo
no es un mensaje de texto,
no es un mail con ositos de peluche
ni es escribir en tu muro de facebook

Ser amigo
no es el 20 de Julio
no es el regalito
ni la culpa por no habértelo comprado

Ser amigo
es no darse cuenta del tiempo que pasó
y que no importen los aniversarios
poder llorar como bebés sin el más mínimo pudor
o babearnos de la risa

y son las presencias,
esperar con alegría el día de juntarnos
y servirnos de muralla cuando el bajón asedia
o de papel picado los días que haya fiesta

es una hermandad por convicción, una religión en comodato
un código interno
un significado nuestro
es que me entiendas lo que no digo
y que a veces sepas quien soy mejor que yo

y son cervezas y es champagne
y son tantos cafés, tantos mates, tanta catarsis,
las anécdotas con orgullo
el amor sin monogamia
y querer y enojarse y entender y perdonar
y querer un poco más

Ser amigo es no poder evitar la sonrisa cuando aparecen los recuerdos.



Quiero agradecer a Emilse Mancebo, quien me ayudó a ordenar un poco todas las ideas que había en entre estos versos.

jueves, 8 de julio de 2010

Efímeras

Las burbujas no se ocupan de exteriores. Viven al día sin pagar la cuenta. Acechan las esquinas de vueltas inesperadas o anidan en los huecos de las agendas.
Las burbujas no pronuncian verbos en pasado, no consideran las probabilidades. No deshojan margaritas, ni prometen, ni sueñan. Se les da por pasearse a cualquier hora por las vidas de los desengañados. Dibujan historias en las paredes de los presos, deslumbran ciegos, reviven muertos. Bordan memorias en los aeropuertos mientras huyen sin dejar su paradero. Y se van escupiendo lagrimones. Y su estela enhebra dudas en el aire. Ese que respiran los que pierden las apuestas, los que creen que un destello puede durar más que una vida de mariposa.
Yo las extraño como a los cuentos de la infancia, pero dudo de sus recuerdos cada vez que parpadeo. Será que las encuentro siempre lejos. O que ellas me encuentran, traicioneras, para inmolarse contra el viento apenas dejo de mirarlas.

martes, 25 de mayo de 2010

Dominó

La diosa fortuna decidió jugar al dominó con los edificios del barrio financiero. Con su dedo gigante golpeó al primero, este golpeó al siguiente y así, con gran estruendo, no quedó ninguno en pié. Cientos de ventanitas luminosas titilaron al caer. Los vidrios formaron flores brillantes en las veredas y en las plazas. Miles de oficinistas escaparon de sus jaulas. Algunos aletearon felices sobre el río, cantando canciones de su juventud que habían olvidado. Otros, los que nunca habían aprendido a volar, dibujaron manchas rojas sobre el asfalto.

domingo, 16 de mayo de 2010

Siéntate a esperar...

Un hombre se sentó a la vera del río esperando ver pasar el cadáver de su enemigo. El primer día pasó nadando una mula, sobre su lomo viajaba un mono con sombrero de pana. El mono lo saludó, pero como no había pasado el cadáver de su enemigo, el hombre se disgustó. El segundo día pasó una caravana de flamencos, cada uno con un cascabel colgado al cuello. El sonido envolvió al hombre, pero como no había pasado el cadáver de su enemigo, él se entristeció. El tercer día, una barca cargada de cortesanas vestidas de seda, se acercó a la costa y lo invitó a subir, pero como aún no pasaba el cadáver de su enemigo el hombre se negó.
Los días se sucedieron y él esperó y esperó. Estaba cada vez más disgustado y triste. Muchas cosas pasaron por el río y él las ignoró, hasta que un día, ya viejo y cansado, se dio cuenta de que había desperdiciado su vida en la espera. Fue tal su amargura que se zambulló en el río y se ahogó.
Unos kilómetros más adelante, su enemigo llegaba a la orilla después de haber dado la vuelta al mundo, cansado y feliz. Mientras se sacaba las botas y metía los pies en el agua, vio pasar un cadáver flotando boca arriba. No lo reconoció.


miércoles, 12 de mayo de 2010

¡Más vino por favor!

Parece interesante. Debería estar escuchándolo, pero mejor no, porque si presto atención puede dejar de ser interesante y ahí se complica. Tendríamos esos silencios incómodos, hasta que él o yo diría que ya es hora de irse. Y nos despediríamos con un beso en la mejilla, y nunca más. Ya se acabo el vino, ¿Por qué no deja de hablar tanto y pide otro? Dijo que le gustaba mirar películas en el sillón de su casa, que era un tipo familiero. Y seguro que si esto sigue enseguida me presenta a la los padres. Iríamos a mirar películas a su casa, y tendríamos sexo en el sillón… sexo… ¿cuando fue la última vez? ¿Ya pasó un mes, dos…?…Y tiene un trabajo estable, al menos se banca solo, puede pagar la mitad de todo. Podríamos alquilar algo juntos, algo más grande…Uh, ahora cuando llego tengo que poner ropa a lavar…Le gusta estar con sus amigos. Es bueno que tenga amigos, es una buena señal, mientras no sean todos unos mamertos que se la pasen hablando de fútbol… Algún día podría presentarle a mis viejos, y los domingos iríamos a visitarlos y otro día a la familia de él. Podríamos salir a comer con mis amigos, o con los de él. ¿Se querrá casar? A mi no me importa, pero si él lo quiere mucho… Y veríamos películas en nuestro sillón. ¿Pasaron más de dos meses de la última vez? … Invitaríamos a nuestros amigos, que seguro algunos ya tendrían hijos. Y quizás, porque no, tendríamos uno nosotros también, o dos. Adoptar, si, también es una opción… Y todos hablaríamos de nuestros hijos, de lo primero que dijeron, del precio de los pañales… y habría juguetes por todos lados. .¿y qué si ya pasaron mas de tres meses? Tampoco es cuestión de agarrar lo que venga… Y los domingos a visitar a los abuelos y ropa de chicos y grandes colgada en el tender. Yo seguiría trabajando, con el sueldo de uno sólo no alcanza. Igual, ni en pedo dejo de trabajar para ser ama de casa... y cuando llegara del trabajo tendría que hacer de comer, pero el me ayudaría, si, parece un tipo responsable… Y esperaríamos que los nenes se duerman para dormirnos también de tan cansados y los sábados usaríamos el sillón para ver películas de Disney… y buscaríamos escuelas privadas por el barrio y cuando llegue del trabajo haríamos la tarea con los chicos, y después la cena y ya me iría a dormir, sin soñar; hasta que los chicos crezcan y se casen o se vayan a estudiar al exterior… Volveríamos a ver películas para grandes en el sillón, pero sin sexo, a esa edad ya sería difícil tener sexo en el sillón…Y ahora está callado, me está mirando. El silencio es incómodo…

Y ella le dijo - Es hora de que me vaya.

Bs As Reported Speech

El hecho

Jueves a la noche, Puerto Madero.
Ella y él caminaban por la vereda que bordea los diques mientras mantenían una conversación típica de primera cita.
Luna llena, estrellas.
El hizo una parada estratégica y apoyándose en la baranda, se puso a contemplar el vaivén de los barcos.
Cara de soñador, respiración profunda.
Giró la cabeza y la miró a los ojos. Ella le devolvió la mirada y además, una sonrisa.
Ausencia de palabras, acción.
Con la vista fija en sus labios estiró los brazos hacia ella y levantó el pie izquierdo para dar el paso.
En ese instante una suculenta cagada de pájaro le dio de lleno en la cabeza.
Asco e incredulidad, carcajada de mujer.


Mismo jueves a la noche, mismo lugar.

Bueno, este pibe ya podría dejar de hablar del viaje a Tombuctú o yo que sé, ¿no? Estamos hablando hace dos horas, a ver si le ponemos ritmo a la cosa. Igual si, esta bueno. Y pagó con tarjeta Gold; debe ganar bien. Aunque podría vestirse un poco mejor si tiene tanta plata. Ah, mirá, también viajaste a la India, que loco. Me está cansando. Si no estuviera tan bueno me voy ya. Tiene lindos ojos. Menos mal que paro de hablar. Se viene el beso. ¡Al fin!
¡Ay Dios! No lo puede haber cagado un pájaro, me muero. ¡Nooooo!, ¡La frente llena de mierda! ¡La cara que pone! Juaaaaa...


Mismo jueves a la noche, mismo lugar.

Ah, que buen culo tiene. Bien ahí eh. Esta linda la morocha. Ahora con lo de mi viaje a Bangkok la mato. Si si. Ya esta cayendo. ¿O no? ¿Se está aburriendo? Mejor le cuento de la India. Mejor me callo, no sea cosa que se piense que me la creo. Si, acá esta lindo para parar. Que ojazos que tiene. Que ganas de comerle la boca. Y si… yo me mando.
¿Que me cayó? ¡Mierda! ¡No! ¡Que asco! No me puede estar pasando esto. No puede. Se va a cagar de risa. Ay, si, se cagó de risa la muy hija de puta, y la re mil puta madre que la parió. Me cago en los pájaros de m….

Viernes al mediodía, almuerzo en el Microcentro.

... pero lo peor de todo fue cuando salimos del restaurant. Empezamos a caminar por el lado de los diques. El pibe seguía hablándome de sus viajes, ya me tenía harta. En una se para y pone cara de galán. Yo ni lo miré. Cero chance le iba a dar, era un nabo. Y escuchá esta: cuando se iba tirar a darme un beso lo cagó un pájaro. Me moría, te juro. No me pude contener y me cague de risa. Lo tendrías que haber visto, así con toda la frente llena de mierda y poniendo una cara ridícula muy graciosa. Fue increíble…

Viernes a la tarde, conversación telefónica.

...y cuando salimos del restaurant enfilé para el lado de los diques. La mina medio pelo y además era una embole. Yo le hablaba no se de qué como para rellenar porque ella tenía menos conversación que Bernardo, el del zorro. Íbamos caminando y en una paro, como para arrimar. Imaginate lo que me salió la cena que tuve que pagar con la extensión de la tarjeta de mi viejo. Aunque fuera una momia tenía que intentar amortizar. Y podes creer que cuando la mina estaba lista, que ya me estaba comiendo con la miraba, me caga un pájaro.
Boludo, no lo podía creer. Igual la safé, me dí vuelta rápido y la mina casi no se dio cuenta…


viernes, 2 de abril de 2010

Señorita, no divague

¿Cómo no? ¿Cómo no? Si no queda más que andar divagando para encausarse en la vida. Si ha llegado la materia a límites tan insospechados, que si no se le hace frente a fuerza de ideas nos tapa los poros y nos mata. No vio ya que los señaladores dicen que el miedo no es más que todas las mentiras que inventamos para ahuyentar los sueños y así no pensar siquiera en realizarlos.
No señor, no puedo dejar de divagar. Imaginar se ha vuelto imprescindible para revestir esta realidad relativa. Así, los tomates me han dado más de una alegría, ni hablar de las nubes y de los saltamontes. Es más, si usted fuera capaz de ver lo que yo veo, andaría divagando a los cuatro vientos, en las cuatro esquinas.
Creo que es hora de que se percate de que las mariposas vuelan escribiendo nombres propios; que las gotas que caen de los aires acondicionados apuntan a propósito a la frente o al escote. Usted, que se asombra ante la tecnología digital y la robótica, y yo le digo que una hormiga no entra ni en mil quinientos giga bites por mas que intente. Mírela si no, tan autoprogramada, tan sin batería recargable. Y ni me hable de los rascacielos de Dubai, que si a la tierra se le place sacudirse las pulgas no queda ni una ventana en su lugar.
Hágame el favor, déje de andar imponiendo su palabrería legal, que cualquier día de estos los códigos lo van a agarrar a cachetazos y las leyes lo van a señalar con el dedo, y ahí lo quiero ver. Va a quedar mirando las manchas de la pared y viendo monstruos; tomando la pastillita de la paz para poder apagar las sombras de su pieza. Mejor empiece a divagar desde ahora, que a lo sumo del cajón de la mesa de luz le saltará un gnomo, o un enano, pero nunca un revólver con una bala tatuada con su nombre.




miércoles, 24 de marzo de 2010

Inmortalidad


Un hombre esta sentado con la cabeza levemente inclinada a un costado. La habitación donde se encuentra tiene dos puertas, una a la izquierda, otra a la derecha. El hombre está en un sillón, justo en el medio.

Desde la izquierda, una oruga se desliza con esfuerzo a diez centímetros por hora, intentando llegar a la puerta de la derecha. En un ángulo del techo, una araña comienza a tejer su red. La humedad del ambiente inicia el proceso de enmohecer las paredes.

El hombre no ve nada de esto. Su mirada está fija en una única ventana por donde la luna se ve pasar lentamente sobre un cielo oscuro.


El tiempo se detiene y la eternidad se duerme junto al hombre en el sillón.


Sin esperarlo, el techo se cubre de una espesa capa de tela de araña formando una nube pastosa. Miles de gusanos se revuelcan en el piso, intentando cruzar la habitación. Mientras, siguen reproduciéndose y el moho cubre de verde cada centímetro de las paredes y la luna parece estar fija en la ventana. El hombre suspira.

Los gusanos se detienen, también la araña, los microorganismos del moho, la luna. Todos observan al hombre.


Con un crujido, la cabeza se desprende de los restos del cuello y rueda esparciendo su cabellera gris sobre la masa de gusanos aglutinados.


Nadie hace preguntas. Todo vuelve a la frenética actividad.



domingo, 28 de febrero de 2010

Altas en el cielo


Extraña es la vida de esas señoras gordas vestidas de blanco y gris. Gustan de salir a regalar conejos, osos de peluche, monstruos de nieve y porqué no pochoclos gigantes.

Insisten siempre en hacerse los ruleros, pero el viento las despeina. Les gusta salir a pasear panza arriba como si estuvieran haciendo la plancha.

De vez en cuando sienten curiosidad y se agachan para oler la tierra o el asfalto. Se meten por los rincones, por los pliegues de la ropa, entre los pelos de la gente. Dan miedo así agazapadas, confunden a los transeúntes y complican el tráfico a la madrugada.

En ciertas ocasiones se reúnen. Discuten con sus vozarrones gruesos, se agitan, se retuercen. Reina la anarquía hasta que de repente, no vuela una mosca ni grazna un pato. Ahí, en medio de tanta tensión acumulada, se largan todas juntas a llorar. Automáticamente, se suspenden los picnics, los porteros se guardan y los gatos se esconden abajo de los toldos.

Estas señoras son buenas por naturaleza, pero sus vidas tienen un final inevitable. Están condenadas a perderse; en medio de la nada se desmayan, en medio de la brisa se disuelven. Es por eso que lloran; les gusta demasiado volar y no quieren entender que tarde o temprano, todo se transforma.


sábado, 23 de enero de 2010

Conversación circular

Y dijo:
- Me rapé hasta los pelos del culo.
Y la otra le preguntó:
- ¿Pica?
- Todavía no. Eso pasa recién cuando empiezan a crecer de nuevo. Igual, por cualquier cosa, me estoy dejando crecer las uñas.
- ¿Y vos pensas que las uñas van a crecer más rápido que el pelo?
- Depende de donde crezcan.
- Y ... las uñas sólo crecen en los dedos.
- Los pelos.
- No, casi nadie tiene pelos en los dedos.
- La gente peluda tiene pelos en todos lados.
- Menos en la lengua.
- Y eso ha de ser por las cosas que se meten en la boca...
- ¡Peor será lo que te metes en el culo!
- Hasta ahora sólo una maquinita de afeitar.
- ¿Y pica?
- Si. Ya empezaron a crecer.
- A ver, mostrame las manos.



Las ideas surgen de cualquier lado... como por ejemplo un mensaje de texto de Emilse diciendo: "decile que me rapé hasta los pelos del culo". Cómo se llego a eso, es muy largo de contar y no viene al caso. Aquí se puede apreciar que de cualquier cosa puede salir verdaderamente cualquier cosa.

lunes, 18 de enero de 2010

Ratios

- Señor, llegó el reporte de la división Tierra, sistema Solar 278632568. Otra vez los números no dan.

- ¿Cuanto hace que mandamos al interventor?

- Dos mil años y pico.

- ¿Esta gente tiene memoria?

- De corto plazo.

- No alcanza. No están llegando a ningún lado. A estas alturas deberían haber acumulado la suficiente energía cósmica para el autoabastecimiento y reproducción de la vida. ¿Qué salió mal?

- El principal déficit lo tienen en el amor al prójimo. Los ratios muestran una caída abrupta.

- ¿Y que dicen los encargados del proyecto?

- Que dentro de sus atribuciones hicieron todo lo que estaba a su alcance. Se aparecieron infinidad de veces, aconsejaron, dictaron libros y gastaron todo el cupo de milagros. Pero al parecer esta gente no entiende. El equipo se dio por vencido.

- Eso es un problema. Tendría que transferir un nuevo equipo desde otro universo. ¿Cómo está el ratio de hambre?

- Increíblemente alto para los recursos que tiene el planeta.

- ¿Y el de fe?

- Débil. Bajó de forma proporcional a la subida del ratio de tiempo dedicado a mirar televisión.

- Ya me parecía que darles ese invento iba a traer malas repercusiones. Tome nota: Suspender la inserción del invento TV en los planetas de nivel bajo.

- Anotado.

- ¿Tenemos algún equipo disponible?

- No señor.

- ¿Hay vida en otro planeta del sistema? Podríamos hacer una selección y transferir a los elementos más valiosos.

- Ningún planeta del sistema es habitable para esa forma de vida. Fue un proyecto experimental.

- Recuérdeme hablar con el genio que lo ideo. ¿Sabe quién fue?

- Satanás.

- Entiendo, lo hizo para molestarme. Tiene bien ganado su despido.

- ¿Y que hacemos con la tierra?

- En vistas a los resultados, creo que no tiene ningún sentido continuar con el proyecto.


Con un solo pensamiento, el Sol se apagó.



Basado en una idea de Juan Pablo Da Rocha donada al banco de ideas de: http://transfusiones.cruzagramas.com.ar/




domingo, 10 de enero de 2010

Sé que podría

haber usado cada segundo de tu último silencio, para clavarte un tenedor en las pupilas, o quizás haberte sacado los ojos de ternero con una cucharita de té.

Sé que podría haberte arrancado esa lengua inútil con una tenaza y habérsela servido a los perros, aunque después tuvieran una muerte lenta.

Quizás, tu único te amo se lo debería haber dado a esos que tienen todo en la vida, para que tengan menos. Y tal vez si, tal vez debería haberle tirado las migajas de tu tiempo a las palomas, y que murieran de aburrimiento.

Sé que podría haberte sacrificado en una plaza pública; lo habría hecho en nombre de todas las mujeres despechadas, y tu pira funeraria hubiera sido la piedra fundamental del monumento a la falta de cojones.

Sé que podría haberlo hecho, porque todo te lo habrías merecido. Todo, menos cuanto te quise.


"El monumento"

jueves, 7 de enero de 2010

Lo que queda atrás

El bosque al mediodía, enfocado de lleno por el sol, parecía alegre. Los árboles se mecían al compás del viento y el ruido del río se escuchaba por sobre el chasquear de las hojas.

Entró como quien elige un camino seguro: paso firme, frente alta y una sonrisa en la cara. El ruido de sus pasos era el crujir de piedras y ramas aplastadas. La brisa, cargada de olor a tierra y agua, le acariciaba las orejas trayéndole el canto de algún pájaro escondido.

Al caminar respiraba profundo, nutriéndose de la naturaleza, absorbiendo la paz del entorno.

Ellos lo olieron desde lejos, escucharon su respiración. Se acercaron escondiéndose entre los ruidos más comunes y empezaron a seguirlo.

El los sintió a su vez, percibió su hambre. Apuró el paso, como jugando a sentirse perseguido.

Ellos se arremolinaban mezclándose unos con otros, levantando polvo y hojas. Apenas perceptibles, eran una mancha oscura que flotaba al ras del piso.

El no se dio vuelta; sabía que no los vería y que tampoco hacía falta. Su hálito sombrío estaba cerca, tan cerca que los pelos de cuerpo se le erizaron involuntariamente. Se rió por lo bajo y empezó a correr.

Ellos giraron con más prisa, emitiendo un murmullo ahogado, mezcla de lamentos y suspiros. Debían apurar la marcha si deseaban alcanzarlo. Hacía tiempo que no saboreaban esas lágrimas, que no libaban ese miedo.

Al llegar a los árboles que preceden al río, él dobló. Casi sin aire, llegó hasta el borde y se tomó un segundo eterno y sostenido.

Ellos lo observaron con espanto, estaban a pocos metros pero aún así no llegarían a tiempo. Se escuchó un aullido triste, de ayer olvidado.

El abrió los brazos y los dejó atrás. Había aprendido a volar.


Imagen basada en una fotografía de Sebastián Barrasa "El Zaiper"


miércoles, 6 de enero de 2010

Disfraces

Se conocieron en Humahuaca, en esa escalera que va al monumento al indio. Gómez se había sentado primero en el decimotercer escalón. Pérez llegó después haciendo un firulete con su sombrero.
Aunque sus apellidos de oficinistas quisieran desmentirlo, a simple vista se notaba que eran pindringos. Por eso Pérez decidió sentarse en el mismo escalón y bien cerca, a escucha de oreja.
Como dos buenos pindringos reconocibles a simple vista, empezaron una a conversar serena y legufamente. La conversación duró varias horas de remolinos de viento y nubes pasajeras. La plaza se fue llenando de proverbios turcos y de los otros, hasta que la estatua del indio, parada más arriba con la boca abierta, casi se descuelga por el peso de las utopías.
Al final, y como para redondear, Gómez sacó del bolsillo una caja de pastillas amargas, con el fin de olerlas y rememorar su pasado. Con la mirada húmeda, dijo que nunca lo habían echado de la ciudad, que él sólo decidió irse al norte, a probar si era cierto que las bolas de pasto levantan velocidades de meteorito. Porque así debía ser la vida, una bola que pasa sacando chispas en la tierra seca y si uno no se sube, no vuela, no corre, no se moja.
Pérez, ante tal hemorragia de palabras, casi no pudo meter un bocadillo, ni de queso ni de dulce de leche, pero por desgracia, cuando Gómez legufaba sobre la capacidad de filistearse del ciudadano común, Pérez llegó a decir que había evidencias irrefutables que demostraban que las luciérnagas podían filistear en el asfalto. Y eso fue lo que hizo dudar a Gómez, que ni bien escuchó esas palabras, pensó que aunque Pérez hablaba legufamente y abrazaba los mismos ositos de peluche que él en la niñez, había hecho demasiadas preguntas. Llegó hábilmente a la conclusión de que ningún pindrigno que se jacte de su condición diría jamás que algo puede filistear en el asfalto, ni las luciérnagas, ni las mariposas, ni siquiera las hojas secas que bailan como locas sin que les importen los semáforos. Los pindrignos estaban fervientemente en contra del asfalto, del trabajo bajo patrón y del baño.
Con un ágil e inevitable movimiento de hata yoga, Gómez le arrancó el gorro apindringado a Pérez y revolvió en su interior hasta encontrar la etiqueta probatoria: decía “MADE IN TAIWAN” y eso, además de decir lo que decía, también quería decir que toda la cháchara legufa había sido una estafa a la ideología pindringa. Indignado ante el cuento de las luciérnagas filisteantes, y ante la mentira, le clavó a Pérez una mirada de asesino vegetariano.
Con la cabeza gacha y despeinada por el arrebato, Pérez confesó: Si, soy solo un periodista.


Por si no fue claro, filistear es esa capacidad que tienen las pequeñas cosas de elevarnos la comisura de los labios.

lunes, 4 de enero de 2010

El fin de los piratas

Estaban los monumentos sentados en sus regios aposentos, comiendo mandalas, fumando cábalas y bebiendo lunas mohosas de a sorbos pequeños y lentos.

SEAN los archipiélagos, dijeron.

Y los archipiélagos fueron a sentarse al borde de las costas ovaladas y a romperse la cabeza contra las olas. Sonrieron como los chicos que salen al recreo y se parten los dientes jugando a la mancha. Despeinándose los grumos, escupieron piedras y cantaron canciones de borrachos.

Los piratas que los vieron desde lejos, quisieron compartir la algarabía. No importaron ni los cantos de sirenas, ni los tesoros apilados en la arena. Se lanzaron de lleno contra los acantilados, a estallar en mil pedazos sus barcos desvelados.

sábado, 2 de enero de 2010

Noticia roja

Si un camión repleto de tomates volcara en el avenida Santa Fe sería un bochorno. ¿Donde se ha visto circular un camión de esa calaña por tal avenida?
Los autos que vinieran detrás arrollarían sin piedad a los tomates desparramados dejando manchas enrojecidas en el asfalto. El camionero y su vergüenza huirían de la escena llevándose sólo su anonimato. La gente se agolparía en las esquinas con las manos apoyadas en la cintura. Muchos perritos blancos se escaparían de sus horrorizadas dueñas para olisquear y lamer los tomates aplastados.
Todos moriríamos de ganas de agarrar los tomates a patadas, y quizás también a algún perrito, pero no lo haríamos porque somos gente grande. Hasta que en algún momento, cuando despunte el aburrimiento, alguien se acordaría del precio de los tomates. La gente se miraría de reojo, como hacen antes de empezar una carrera, y cuando el más osado diera el primer paso, la jauría entera se lanzaría a la caza de los tesoros rojos. La escena recordaría a las hormigas africanas que en minutos cubren a un animal muerto.
Se vería a una señora de edad avanzada, encaramarse al camión volcado esgrimiendo con gesto triunfal el tomate más rojo de la montaña.
Un rato después, la policía y los bomberos pasarían a buscar al camión vacío. Los tomates aplastados se quedarían esperando a los barrenderos.
El tránsito se normalizaría, los noticieros repetirían la noticia a las ocho de la noche.
Al día siguiente sólo quedaría el recuerdo, y al siguiente a ese, sólo la idea de qué pasaría si un camión repleto de tomates volcara en la avenida Santa Fe.